Ayer por fin tuve ocasión de ver “Chapter 27”, el polémico biopic sobre Mark David Chapman que produjo y protagonizó un irreconocible Jared Letto el año pasado. La película en cuestión llevaba varios meses condenada al ostracismo, a la espera de la resolución del litigio abierto por la mismísima viuda de Lennon que, como es normal, no veía con buenos ojos un proyecto de semejante naturaleza.

Pues bien: la verdad es que, en vista del resultado, Yoko puede dormir tranquila. La cinta se conforma con llevar a cabo un retrato bastante equilibrado de la figura de Chapman, evitando en todo momento caer en el sensacionalismo gratuito o en la tentación de mitificar al asesino. Y eso es algo que honra a sus responsables. Porque, no nos engañemos, lo más fácil habría sido abogar por una recreación “pop” a lo Oliver Stone, o la típica hagiografía de corte épico al estilo hollywoodiense. Al fin y al cabo, el material de partida se prestaba a ello… pero, por suerte, en esta ocasión se ha impuesto la cordura y el bajo presupuesto.

Supongo que los más “beatlemaníacos” os echaréis las manos a la cabeza ante los aspectos estrictamente biográficos de la película, poniendo el grito en el cielo ante determinadas manipulaciones históricas, importantes omisiones biográficas y demás falacias relacionadas con la naturaleza ficcionada del relato. De ser así, allá vosotros, porque estareis perdiendo el tiempo miserablemente. Con esto me refiero a que “Chapter 27” tiene bastante más que ver con “Zodiac” (David Fincher, 2007) o “Taxi Driver” (Martin Scorsese, 1976) que con “The Doors” (Oliver Stone, 1991) o “En la cuerda floja” (James Mangold, 2006). O sea, que aquí de lo que se trata es de intentar reflejar en la medida de sus posibilidades el desmoronamiento mental de su protagonista (un sociópata inadaptado al estilo de Travis Bickle), utilizando como telón de fondo parte del anecdotario de esa cultura popular que tanto nos gusta. Un poco en la línea de la menospreciada “El asesinato de Richard Nixon” (Niels Mueller, 2004), para que os vayais haciendo una idea.

Tampoco voy a negaros que la inevitable batería de referencias a la obra de J. D. Salinger (recordemos que Chapman decía sentirse poseído por el espíritu de Holden Caulfield, protagonista de “El guardián en el centeno”), el fundamentalismo religioso y la “conspiranoia” han contribuido lo suyo a que la película despierte mi simpatía. Pero lo mismo me ocurrío en su momento con “Conspiración” (Richard Donner, 1997) y no por ello la considero mejor película.

Aclarado este punto, baste con deciros que “Chapter 27” se deja ver con agrado; tiene ritmo y, lo que es más importante, entretiene sin contar nada que no nos hayan contado mejor mil veces antes. Incluso cuenta en su haber con algún que otro pasaje destacable. Por ejemplo, el momento en el que Chapman se jacta ante el taxista de ser el nuevo “productor estrella” de Lennon y McCartney, o la secuencia en la que conoce en el parque al pequeño Sean Lennon, reverenciándole como si se tratase del futuro Dalai Lama. Todo sea por dejarnos bien claro que este señor era un megalómano y un mitómano de mucho cuidado. Lástima que las escenas con la prostituta (en las que se pretende mostranos su fragilidad para relacionarse, sin llegar más allá del mero patetismo) o los planos finales de Chapman “hablando” al mundo, dejen tanto que desear y terminen por desbaratar el asunto.

En cualquier caso, se agradecen los guiños al espectador (las conversaciones frente a la fachada del edificio Dakota merecerían por sí solas de un capítulo aparte) y, sobre todo, ese aire entre modesto y cutre de la puesta en escena con la que el debutante J. P. Schaefer consigue acercarse por momentos al formato telefílmico de los años setenta. Sea esto último intencionado o no, a mi me ha recordado un poco a la bisoñez de Lumet y Frankenheimer, pareciéndome nostálgicamente reconfortante.

Ahora bien, el principal escollo que impide a la película llegar a buen puerto es justamente su protagonista. Aún reconociéndole su esfuerzo, la caracterización de Letto me recuerda demasiado a la de Carlos Areces en aquel célebre “scketch” de “La hora chanante” como para acabar de tomármelo en serio. Lo que en un principio se anunciaba como un reto físico e interpretativo de primer órden, siguiendo la estela del DeNiro de “Toro Salvaje” (Martin Scorsese, 1980) se queda en agua de borrajas; en otro tibio intento por destacar, haciendo de la película el típico vehículo de lucimiento actoral (Letto es, repito, el productor ejecutivo del invento) de los que nunca llegan a cubrir el expediente. Por otra parte, las apariciones episódicas de una despistada Lindsay Lohan (sí, sí, habéis leído bien) en el papel de una fan arquetípica de Lennon llamada “Jude” a la que se le adivina un flirteo pasado con la estrella del pop, tampoco es que hagan mucho por poner a su favor la balanza.

Mientras que la decepcionante “Control” (2007) de Anton Corbijn y la brillante –pero imperfecta- “I’m not there” (2007) de Todd Haynes siguen pendientes de distribución en España, “Chapter 27” puede enorgullecerse al menos de disfrutar de un próximo y fugaz estreno en España, eso sí directamente en DVD. Y sin que suene una sola canción de los Beatles en su banda sonora.