“Chinos y cochinos”

Mayo 27, 2008

[BREVE PREFACIO EXCULPATORIO: Con la excusa de la conmemoración del "III Día del Orgullo Friki" (y a la espera de poder ofreceros una crónica lo más pormenorizada posible del estreno gallego de "¡Maldito bastardo!"), me he decidido a inaugurar esta nueva sección bizarra.]

Ejemplo emblemático de la “sexplotation” nipona, “Guts of a virgin” (1986) es considerada una verdadera pieza de culto entre los aficionados al género “pinku-eiga”, una subvertiente autóctona del “soft-core” mostrenco muy popular en el país del sol naciente. Se trataban en gran medida de títulos mediocres sobre samurais y yakuzas que camuflaban el uso indiscriminado de la violencia gráfica mediante el uso de un erotismo bastante zafio, gratuito y sonrojante. De este modo, quienes los perpetraban pretendían burlar a la censura y (como quien no quiere la cosa) asegurarse de paso unos ingresos extras en taquilla. Pero al final, como suele ser habitual en esta clase de cintas, los desnudos y las escenas subiditas de tono siguen una imparable progresión aritmética a medida que avanza el metraje, dejando apenas hueco a unas cuantas dosis de “gore” rancio para darle algo más de aliño al potaje. O sea, que nos encontramos ante el precedente del “hentai” de corte “fanta-terrorífico” como, por ejemplo, la saga de “Urutsukidoji” (1989).

Pues bien, como iba diciendo la película de Kazuo “Gaira” Komizu es uno de los títulos más representativos al respecto, hasta el punto de haber servido como punto de partida a toda una trilogía. Con el paso de los años, la pieza de toque de la saga ha perdido algo de impacto con respecto a sus secuelas, en parte por el desaliño visual (ojito a los desvaríos “experimentales”) y los risibles efectos sanguinolentos propios de los primeros años ochenta. Sin embargo, su condición de pionera y su absoluta desfachatez han contribuido a convertir sus defectos -que son muchos- en verdaderas virtudes bizarras. A ver si me explico…

El argumento es tan escueto como explícito a la hora de evidenciar las nulas pretensiones artísticas de esta clase de subproductos: un fotógrafo de moda proxeneta, su equipo y tres aspirantes a modelos publicitarias se pierden en la niebla y van a parar a una casa abandonada, donde un ser monstruoso (¡un tipejo cubierto de barro!) se las ingeniará para ir matando a los hombres uno por uno y, de paso, violar a cada una de las mujeres… para matarlas también después. No hay mucho más, directo y al grano; lo demás son pajas. Y diálogos tan procaces y políticamente incorrectos como estos:

“-¿Recuerda a la chica que mandamos a Los Ángeles el año pasado? Después de su última audición estaba tan agradecida que me chupó el ano.”

“-¿Qué es una mujer independiente, pequeña zorra?”

“-Soy como Drácula. También a él le gustaba el néctar de las jovencitas.”

Por lo demás la cinta es pródiga en proezas sexuales de bastante mal gusto, que acaban por resultar especialmente risibles, en parte debido a la obligatoria censura genital impuesta por los códigos nipones. Eso sí, en cuanto las vísceras hacen acto de presencia el espectáculo adquiere unos tintes inintencionadamente paródicos, consiguiendo elevar el conjunto a una especie de “grand guiñol” grotesco y salvaje, bastante disfrutable para aquellos que (como el que suscribe) se jacten de tener el estómago blindado y una mente lo suficientemente calenturienta.

Resultaría agotador llevar a cabo una lista pormenorizada de las barrabasadas que acontecen a lo largo de poco los escasos setenta minutos de metraje. ¡Y es que a pesar de su breve duración, aquí cabe de todo! En materia estrictamente sexual, el espectador menos escrupuloso podrá deleitarse con la exhibición de toda clase de fluidos vaginales, una demostración de “lucha libre” misógina, varios cunnilinguis acrobáticos, sádicas violaciones, desvirgues traumáticos, fetichismo fotográfico, ninfomanía psicótica, masturbaciones necrófilas… y eyaculaciones gargantuescas. En comparación, el terreno de la casquería resulta menos variada y hasta poco sofisticada: un martillazo con extracción del globo ocular, un par de decapitaciones, un jabalinazo, un gancho de carnicero y una evisceración por vía vaginal.

El resultado es sexualmente agresivo y misóginamente recalcitrante, llegando a resultar más aberrantes los abusos sexuales de los que son objetos las tres jovencitas que los tremendistas asesinatos, lo que bien visto no deja de tener su gracia. Hay a quien le gusta definir la película como un cruce bastardo entre “El imperio de los sentidos” (1976) y “Posesión Infernal” (1981), aunque muestre más afinidad con un “porno” blando travestido de “slasher” chusco.

Como ya mencionaba más arriba, el film dio pie a una rentable franquicia. El propio Komizu reincidiría en las inefables “Guts of a Beauty” (1986) y “Guts of a virgin III: Rusted Body” (1987) que añadirían algo más de desparpajo, destape y destripe a la serie… además de inflar convenientemente el saldo de su cuenta corriente.

Y para terminar, un apunte curioso. En 1991 “Guts of a virgin” fue el título elegido por el mismísimo John Zorn para bautizar el brutal debut de su combo de “avant-jazz” trash-metalero Painkiller, en el que militaba junto a Bill Laswell y Mick Harris. ¿Cómo se os queda el cuerpo, pichones?