Esta misma mañana, de camino al trabajo, me he tropezado con una joven pareja que paseaba al perro por la Plaza del 2 de Mayo en compañía de su chiquillo. El crío no debía de tener más de tres años y no paraba de atosigar al chucho, un espléndido ejemplar de bull terrier, correteando a su alrededor estrepitosamente. Como quien no quiere la cosa, se me vino a la cabeza el recuerdo de una película francesa que pude ver hace unos años en Canal + y sobre el que no había vuelto a reparar desde entonces.

Se trata de “Baxter”, una cinta de 1989 dirigida por el debutante Jérôme Boivin, un interesante realizador al que se le perdió la pista poco después (su último largometraje data de 1992) para dedicarse al lucrativo medio televisivo.

La película se basa en una novela de Ken Greenhall, a priori interesante; y digo esto limitándome a lo mostrado en la cinta, puesto que desconozco tanto al autor como a su obra. Pero estaréis de acuerdo conmigo en que el punto de partida es de lo más sugerente: Baxter, un pitbull terrier, va pasando de dueño en dueño mientras comparte con el espectador sus particulares reflexiones sobre el género humano, a lo largo de una narración que bascula entre el drama, el thriller y la comedia negra.

Nuestro protagonista observa el comportamiento de los hombres con la fría objetividad analítica de un sociópata, poniendo en tela de juicio los valores tradicionales y abogando por la supremacía de los instintos primarios. Sus pensamientos (verbalizados “en off” por la inquietante voz de Maxime Leroux) sobre la vejez, el miedo, la soledad, el amor, el respeto y la muerte resultan doblemente lúcidos e incluso escalofriantes al estar puestos “en boca” de un perro. Porque aunque esté de acuerdo con que el uso de animales -bien sean antropomorfos o no- como eje de metáforas y críticas sociales viene de viejo, el carácter sombrío de lo que aquí se nos cuenta tiene un punto especialmente turbador. Para que nos entendamos: esto no es “El coloquio de los perros” de Cervantes.

El punto fuerte de la historia radica en el paralelismo que se establece entre las emociones del propio Baxter y las del entorno humano que le rodea, alcanzando cotas verdaderamente inquietantes cuando se detiene a cuestionar los beneficios de la convivencia en pareja, la domesticación de la sexualidad o la propia maternidad (todo ello muy freudiano), en relación a una pérdida de libertad inaceptable desde una concepción canina. Y lo mismo ocurre cuando la admiración o el respeto se confunden en su mente con la crueldad y la tiranía…

Pero basta ya, que me está empezando a entrar complejo de comentario de texto de bachillerato y no me gustaría crearos la (falsa) sensación de que se trata de una de esas “película de tesis” de las que siempre conviene huir como de la peste. Porque no es el caso y os estaríais perdiendo una película estupenda.

(POSTDATA: Los videos que acompañan esta reseña han sido rescatados de Youtube. “Baxter” no ha sido editada en DVD en nuestro país, aunque hasta hace unos años sí que estaba disponible en VHS; es por ello que os animo a que indaguéis en las procelosas aguas de los servidores de P2P para disfrutar de su visionado… y si es en versión original, mejor que mejor.)

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