“¡Que te la pique un pollo, Lloyd!”
Agosto 18, 2008
Debo de estar haciéndome mayor, porque cada vez le veo menos gracia a las gamberradas de la Troma. Es eso o que mis gustos se están sofisticando demasiado (¡Dios no lo quiera!) como para verle la gracia a los escatológicos y grotescos espectáculos facturados en la factoría de Lloyd Kaufman. No siempre ha sido así, desde luego; en su momento disfruté de lo lindo con sus exabruptos de “gore” cutrón, erotismo de barraca y parodia política de parvulario. Cosas de la adolescencia, me temo, que nos vuelve a todos tan afines a la “serie Z” y el humor grueso.
El que parece que todavía no ha superado la fase anal es el propio Kaufman, que reincide en los chascarrillos de siempre con su nueva producción, “Poultrygeist: Night of the Chicken Dead” (Lloyd Kaufman, 2007), una sátira grotesca sobre los nocivos efectos de la comida rápida, que bastardiza el mensaje anticonsumista de “Fast Food Nation” (Richard Linkater, 2007) en pos del más difícil todavía en materia de coágulos, miasmas y demás cochinadas. Para ello, la pareja protagonista hade enfrentarse a las consecuencias paranormales de la expropiación de un antiguo cementerio indio, sobre el que edifican un restaurante de comida rápida. Los vengativos espíritus se tomarán la revancha convirtiendo a los clientes en una especie de “pollos-zombies” hambrientos de un tipo bien distinto de carne blanca: la humana.
No hace falta ser un lince para deducir que nos encontramos ante el retruécano “tromático” definitivo a costa de “Poltergeist” (Tobe Hooper, 1982) y “La noche de los muertos vivientes” (George A. Romero, 1968), tal y como se nos anuncia desde el propio título. Como mero chascarrillo, la ocurrencia tiene un pase. Apuesto a que se le podría haber sacado mejor partido si se hubiese adoptado el formato de cortometraje. Lamentablemente, la tendencia de Kaufman por estirar los chistes más allá de lo razonable juega una vez más en su contra y le acaba pasando factura. O sea, que la criatura le sale tontorrona de más y un pelín larga. Es el riesgo que se corre al reincidir sobre fórmulas ya agotadas –en este caso, el referente es evidente: “Cannibal: The Musical” (Trey Parker, 1996)- sin aportar nada nuevo a cambio, salvo litros de sangre y casquería a tutiplén. Es por todo esto que al final “Poultrygeist” se desinfla en una sucesión de risibles (que no graciosos) números musicales, guiños autocomplacientes y “cameos” innecesarios (desde Ron Jeremy al propio Kaufman), salpicados del “gore” tarugo pasado de rosca marca del casa. Lo que no quita que la cinta sea de lo mejorcito que ha salido de productora en años, ni que tenga algún que otro “gag” gorrino bastante inspirado, todo hay que reconocerlo.
Pero afrontémoslo de una vez: es un hecho que a los de la Troma se les pasó el arroz hace tiempo y no les vendría nada mal renovar un poco su repertorio. Porque está claro que si lo que pretenden Kaufman y los suyos es seguir provocando al personal, sirviéndose de las mismos chistes verdes de referencias homófobas, xenófobas y facilonas de siempre, la verdad es que no pueden andar más desencaminados. Que le pregunten sino a sus protegidos por “South Park”.


