“Sexo a bocados”
Septiembre 2, 2008
A primera vista, el argumento es descacharrante: ¿una jovencita devota de la castidad que descubre el insaciable apetito de sus fauces vaginales? Sorprendentemente no nos encontramos ante un nueva escabechina de la Troma, ni se trata de uno de los delirios seniles de Joe D’Amato o Jess Franco, qué va. “Teeth” (2007) es una comedia negra de corte fantástico que actualiza el mito de la “vagina dentata” y lo contextualiza en el ambiente conservador de un pueblecito del medio-oeste norteamericano. Su responsable, Mitchell Lichtenstein (a la postre hijo de Roy, uno de los padres del “pop art”) consiguió conmocionar al respetable a su paso por el Festival de Sundance, gracias sobre todo a las virtudes de un guión inteligente, una puesta en escena cuidada y la lograda composición de su protagonista femenina, Jess Weixler.
“Teeth” cuenta con numerosos puntos a su favor para situarla en un lugar destacado dentro del panorama fantástico estadounidense de los últimos años. Desde el portentoso debut de Lucky McKee con “May” (2002), no recuerdo ningún otro título independiente que haya sido capaz de sorprenderme de manera tan grata sin recurrir a efectismos baratos y coartadas gamberras. El mérito es aún mayor si tenemos en cuenta lo delicado del planteamiento de la película: el más mínimo desequilibrio entre forma y tono, sangre y comedia podría dar al traste con la historia, empujando a Lichtenstein y a los suyos al abismo del ridículo. Por eso se ha cuidado tanto el aspecto técnico (con una fotografía excelente y un sobrio diseño de producción) y se ha puesto tanto esmero en la descripción de personajes.
A pesar de contar con un par de secuencias de castración bastante escabrosas, el director se permite la licencia de introducir una serie de apuntes humorísticos a costa de las mutilaciones que son más propios de una comedia para adolescentes como “American Pie” que de una cinta de terror. Sin embargo, en ningún momento pierde la perspectiva y consigue mantener un equilibrio constante que evita que la ironía se convierta en bufonada. Es por eso que “Teeth” funciona a la perfección como una crítica mordaz (y “con mordiente”) del rol sexual que desempeña la mujer, algo a lo que no podría aspirar de haber optado por la vía estrictamente paródica.
El guión, escrito por el propio Lichtenstein, pone sobre el tapete la hipocresía de cierto sector de nuestra sociedad hacia el sexo, dando pie al menos a un par de secuencias absolutamente memorables. Una de ellas tiene lugar en el instituto, cuando nuestra protagonista llega tarde a un debate sobre la evolución de las serpientes de cascabel en su proceso de adaptación al medio. ¿Acaso no puede interpretarse la suya como otra mutación evolutiva, al desarrollar una “vagina dentata” para protegerse del macho dominante? “Esto era sobre ti, Dawn”, dice la maestra, “y te lo has perdido”.
Partiendo del hecho de que desde los albores de la humanidad el mito de la “vagina dentata” ha reflejado los temores del varón, asociados al poder castrador del matriarcado, el resto de reflexiones en las que incurre el libreto dan pie a un análisis mucho más interesante del que promete en principio una película de semejantes características. No en vano, una anécdota en apariencia tan ridícula como ésta lleva dándoles juego a los psicoanalistas y surrealistas del mundo entero durante los dos últimos siglos. Por supuesto, la experiencia que nos aporta “Teeth” es divertida y, por momentos, angustiosa; pero no va más allá en sus reflexiones de lo que es estrictamente necesario… lo cual hace que me plantee lo que podría haber dado de sí semejante historia al ser abordada siguiendo derroteros más circunspectos. Como los de David Cronenberg, sin ir más lejos. Por pedir…

