“Niños de la Noche”
Noviembre 25, 2008
Después de su paseo triunfal por los Festivales de Cine Fantástico de Sitges y San Sebastián y de obtener el premio a la Mejor Pelicula en el Tribeca Intentional Film Festival, aguardaba con expectación la oportunidad de hincarle el diente (nunca mejor dicho) a “Let The Right One In” de Tomas Alfredson por varias razones. Primero, porque llega avalada por el prestigio crítico de la novela de John Ajvide Lindqvist (disponible en castellano gracias a Espasa Calpe), anunciado por muchos como uno de los autores más prometedores de los últimos años. Segundo, porque desde “30 días de oscuridad” (David Slade, 2007) esperaba una renovación dentro del género vampírico que valiese realmente la pena. Y tercero, porque todavía conservo la esperanza en cierto tipo de cine europeo con agallas y sensibilidad para lo fantástico.
A la vista de las excelentes prestaciones de esta cinta sueca, el veredicto es más que optimista. “Let The Right One In” (o “Déjame entrar”, como se retitulará con motivo de su estreno en nuestras pantallas) es una de las obras más redondas de los últimos años, gracias sobre todo a la inteligencia con la que Lindqvist se enfrenta a los tópicos del vampirismo tradicional, respetándolos y dotándolos de una credibilidad acorde con la (in)sensibilidad para lo sobrenatural del espectador actual. De no ser por su maravilloso guión, la excelente puesta en escena de Alfredson tendría que vérselas con los escollos propios del cine de adolescentes y limitar el cuidadoso pulso de su narrativa al paladar palomitero. De otro modo, la hermosa historia de iniciación al amor de ultratumba de los jóvenes Oskar y Eli habría tomado un cariz algo más melifluo e intrascendente, amenazando con dulcificar el estimulante escalofrío y eliminando de paso la necesaria sordidez de los diferentes subtextos que conviven bajo su superficie.
Es decir, que no nos encontramos precisamente ante una película infantil; así que quien espere encontrarse con un remedo de “El pequeño vampiro” de Angela Sommer-Bodenburg se quedarán fríos, muy fríos: helados. Y es que aunque el original punto de vista de Lindqvist y Alfredson permite una serie de apuntes interesantísimos sobre la pureza del amor preadolescente, el bullying escolar y las devastadoras consecuencias propias del desamparo emocional en nuestra “sociedad del bienestar”, los autores no escatiman en magistrales demostraciones de puro horror adulto, elegante e inteligente. Incluso se permiten pertinentes pinceladas de poesía malsana y necrófila, rematando la faena con un clímax sangriento y absolutamente antológico.
No pienso extenderme demasiado más en los pormenores de la trama, por aquello de no exponerla demasiado. Pero lo que sí quiero es dejar constancia de que nos encontramos ante una película inusualmente hermosa e inquietante, sorprendente y desgarradora. Tras su visionado, “Let the Right One In” le deja a uno en el cuerpo un cierto poso de ternura cruel sin necesidad de recurrir a la coartada de la fábula perversa, llevando la historia al territorio de lo cotidiano con un realismo por momentos espeluznante. Además, por primera vez en mucho tiempo, una película de vampiros nos ahorra las típicas relecturas freudianas sexuales -innecesarias, por otra parte, salvo algún atisbo de incipiente vello púbico- y las analogías moralizantes a costa del virus del VIH.
La cinta va mucho más allá de lo que podríamos esperar al familiarizarnos con su sinopsis, reflexionando sobre la violencia, la incomunicación y la soledad de manera nada intelectualizada, con un trazo conciso, intimista y maduro que evita el esperpento de efectos especiales y las pantomimas góticas. Lo mejor de todo (aparte de las interpretaciones de los dos chavales protagonistas, Kåre Hedebrant y Lina Leandersson, sencillamente formidables) es que la narración no pierde el pulso en ningún momento y nos ofrece secuencias de gran belleza estética y profundo calado emocional.
Dejándome llevar por el entusiasmo, diría que nos encontramos ante (casi) una obra maestra. O como diría aquel, “indispensable para aficionados de toda condición y pelaje”. En cuanto la estrenen todos corriendo al cine, antes de que Matt Reeves –reponsable de “Cloverfield” (“Monstruoso”, 2008)- se encargue de hacerla más digerible con su correspondiente remake y nos la devuelva hecha unos zorros.
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