“Shoegazers de Lexatin”
Noviembre 27, 2008
Deerhunter – “Microcastles” ( Kranky / 4AD, 2008 )
Aunque casi nadie parece haberse dado por aludido, Jason Pierce ha grabado uno de los discos del año. Su “A&R Songs” (Sanctuary, 2008) representa, a mi entender, uno de los puntos álgidos del presente curso y ha servido para que algunos le disculpemos por los desafortunados devaneos de Spiritualized con el sinfonismo AOR. Su esperado retorno al estado gaseoso y narcótico, entre confesional e intimista, parece anunciar una “segunda juventud” del todo envidiable en el firmante de “Ladies And Gentlemen We Are Floating In Space” (Arista, 1997).
Por otra parte, mientras Kevin Shields se decide (Dios no lo quiera) a reunir en el estudio a My Bloody Valentine, el buen aficionado puede regocijarse con el fondo de catálogo de sellos como 4AD o Too Pure, recuperando en formato de “serie media” a bandas tan imprescindibles como Cocteau Twins, Stereolab o Seefeel. Aunque mejor haría echando mano de lo último de Deerhunter para así descubrir que –repito, en pleno 2008- vivimos un momento igualmente excitante en lo que a art-rock se refiere y que no siempre es necesario echar mano del pasado para que se le ponga a uno la piel de gallina.
Todo esto viene a santo de que “Microcastles” me parece una auténtica maravilla; grande de verdad, de las que perduran. En apariencia es como si Bradford Cox incorporase a las nuevas composiciones del grupo los frutos de su enriquecedora experiencia en solitario con Atlas Sound, “Let the Blind Lead Those Who Can See but Cannot Feel” (Kranky / 4AD, 2008) otro auténtico tesoro a reivindicar de inmediato. Pero aunque sea suya la responsabilidad del gran salto, hay que reconocer que nunca ha volado tan alto; que a su neurosis enfermiza le sienta mejor el abrigo de una banda… ¡y a su música, no digamos!
Porque apenas un par de años después de su espléndido “Cryptograms” (Kranky, 2008), Cox ha consentido resucitar a Deerhunter con un álbum de pop espacial que roza la perfección en sus pasajes más metronómicos (“Never Stops” o ese “Nothing Ever Happened” por el que a buen seguro matarían Ben Gibbard y los suyos); en el que emocionan las melodías etéreas, brillantes y sofisticadas (“Agoraphobia”, “Little Kids”) y donde los medios tiempos (“Saved By Old Times” y “These Hands”, ácido y cloroformo a partes iguales) sanan y reconfortan.
A los más incrédulos os receto una atenta escucha de los cuatro minutos y pico de “Twilight at Carbon Lake”, que arranca como una pieza de Badalamenti y eclosiona en un final glorioso y arrebatador de delays expansivos, con un feedback que se derrite en tus oídos como la mantequilla y que no desentonaría demasiado dentro de aquel fascinante “Loveless” (Creation, 1991).
¡Hala, ya lo he dicho!

Diciembre 2, 2008 at 12:39 am
Qué significa shoegazer? Qué tiene que ver esto con el Lexatin?
Me gustan. Soon en el nasti.
Diciembre 29, 2008 at 2:47 pm
“Shoegazers” eran My Bloody Valentine, Ride, Slowdive, Telescopes, The Boo Radleys y demás grupos noventeros aficionados a tocar mirando al suelo. Amigos del “flanger”, la “reverb” y el “chorus”, su música era sombría, melancólica y estratosférica. ¡Y los lexatines se los tomaban a puñados, claro!