“Fronteras”

Diciembre 1, 2008

Seefeel – “Quique” ( Too Pure, 1993 )

Todavía a vueltas con el shoegaze y los años noventa, por fin me he decidido a morder en hueso y mentar este CLÁSICO.

Sin duda, en esto de la música existen discos que “abren puertas”. En mi caso, “Quique” fue uno de mis “discos-bisagra”: el que me transportó del indie a la electrónica, del post-rock al out-rock, de lo concreto a lo abstracto. Recuerdo que me lo “tostó” Anxo Cuba hace años, cuando las grabadoras digitales eran todavía un bien escaso y mi colección de cedés  ni siquiera alcanzaba a llenar una mísera estantería. Gracias a Seefeel (y a Anxo) empecé a bucear en el perpetuum mobile del ambient, en los pasajes de intensidad cristalina y apariencia estática. A apreciar en su justa medida los diferentes timbres y texturas de aquel nuevo sonido, permeable y misterioso que tendía puentes y expandía nuevos horizontes.

Seefeel se erigió durante años como uno de mis grupos de cabecera, en gran parte debido a la influencia que ejercieron en la obra de algunas de mis bandas favoritas de por aquel entonces. He de reconocer que tardé en asimilarlos como algo más que una entelequia experimental y poder profundizar en su música. Con el paso del tiempo y las sucesivas escuchas, aquel grupo que Anxo había definido como “unos Slowdive de la era electrónica” (sic) acabó por convertirse en un referente ineludible, ejerciendo en mi un poder de fascinación al alcance de un hipotético intercambio cultural con alguna remota cultura alienígena. Era lo más cerca que había estado nunca de encontrarme ante una encrucijada de dimensiones casi ontológicas. De enfrentarme a lo desconocido en busca de respuestas como un Íker Jiménez cualquiera.

Escribo esto mientras escucho una estupenda reedición del año pasado que recoge el álbum original y una serie de epés y remixes y que no hace sino amplificar aún más su magnitud visionaria. Desde entonces, cada vez que escucho a Neu!, Aphex Twin, Autechre, Cocteau Twins o My Bloody Valentine no puedo evitar pensar en ellos y volver, una y otra vez, a las reveladoras fuentes de “Plaimsong”, “Industious”, “Charlotte’s Mouth” y “Signals”. Y aunque hacía tiempo que no me perdía en los vericuetos de su obra maestra, la he encontrado pura, intacta e inclasificable como el primer día, a más de quince años vista de su publicación original.

Si es que no lo habéis hecho ya, os recomiendo a todos que os atreváis también a abrir esa puerta. Pero os lo advierto: hay toda una galaxia ahí fuera.

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