Llegados a este punto parece absurdo negar el atractivo al alza generado por la popularidad de las viejas bandas sonoras del porno. Sin ir más lejos, en los foros de Internet cada vez son más frecuentes las discusiones sobre el tema, reavivando así la polémica sobre su valor real como expresión artística entre las nuevas generaciones de pajeros desocupados con modem. Sólo así puede explicarse la proliferación de un nuevo modelo de geek erotómano que justifica su interés por el porno duro en términos estrictamente musicales.

Sin ir más lejos, el texano John Dial (popularmente conocido como DJ Vanyanovitch) es uno de los más claros exponentes de esta nueva cuadrilla de incondicionales. Desde su página web lleva a cabo su particular cruzada por renovar el prestigio del género, ofreciendo un enciclopédico repaso de su catálogo privado mediante descargas en formato MP3 y dando cobijo a su propia emisora de radio. Podemos encontrar similar es prestaciones al respecto en www.soulstrut.com, una página más centrada en la práctica del sample y la cultura hip-hop y en la que podemos disfrutar de un amplísimo abanico de “porn beats” en comunión con muestreos de funk psicodélico, soul y música disco. En ambos casos los cortes son seleccionados con esmero arqueológico y cuentan con numerosos links para rastrear la huella de temas clásicos que han sido profanados (y viceversa) como acompañamiento musical de algunos éxitos del cine porno.

V.A. – “An England Story” ( Soul Jazz, 2008 )

¡Manos en el aire y a menear el culo, mandriles! El nuevo recopilatorio de Soul Jazz (¡Dios bendiga esta santa casa!) supone un nuevo escalón hacia el cielo, que nos transporta desde el “dancehall” más clásico hacia el jungle y el grime de penúltima generación. Al margen de su más que evidente valor divulgativo, la explosiva batería de temazos es ideal para prenderle fuego a la pista de baile.

La selección es de largo recorrido, abarcando indiscutibles piedras de toque del género a lo largo de 25 años de pura crema, y está dividida en dos partes claramente diferenciadas. La primera de ellas arranca con una impresionante reivindicación de los mejores MC británicos, de Roots Manuva a Papa Levi. A medida que nos adentramos en sus surcos, nos topamos de bruces con descomunales demostraciones de puro poder negro (Skibadee y su “Tika Toc”) o coletazos “made in” UK Garage (“Deep” de Jakes & TC), que son como para brincar con el cuchillo entre los dientes.

Por si fuera poco, en la segunda parte, asistimos impertérritos al despliegue en masa de grandes nombres de la casa (con Warrior Queen & The Heatwave a la cabeza), abriendo brecha a golpe de dubstep gomoso y “breaks” bastardos que apuntan al “reggaeton” más sofisticado del siglo XXII: si no me crées, escúchate el “Ready She Ready” de Tubby T y llora. General Levy, Navigator & Freestylers o Stush apuntan alto y pegan duro; es más, matan de puro buenos.

Como es habitual en las excelentes ediciones del sello, el libreto viene cargadito de información y su lectura es de lo más enriquecedora. Si estás buscando un recopilatorio para quemar este verano, no lo dudes: es éste. Puro baile con conciencia. Pregúntaselo a M.I.A.

Why? – “Alopecia” ( Tomlab, 2008 )

Descubrí a este grupo durante mi (segunda) etapa de estudiante en Santiago de Compostela. Por aquel entonces, el patio andaba bastante revolucionado con las efervescentes referencias del sello Anticon. Ya sabéis de lo que estoy hablando: Boom Bip, cLOUDDEAD, Doseone, Subtle y compañía. Más tarde llegarían Sage Francis, Themselves, Odd Nosdom y demás; pero, para entonces, sus lanzamientos ya habían perdido la magia inicial.

De entre toda su promoción, mi favorito de siempre ha sido Why?. Ha pasado más de un lustro desde que escuché por primera vez aquel “Oaklandazoolazylum” que me puso la cabeza loca durante todo aquel curso de 2003 y todavía conservo el CD-R que me pasó uno de mis compañeros de piso de entonces…

De hecho, cuando “Elephant Eyelash” (Anticon, 2006) llegó a las tiendas, me lo compré inmediatamente. Me pareció un álbum bonito, sin más. El típico trabajo luminoso, pero para nada brillante. Quizá fuese porque en ese momento tenía los oídos ocupados en otras cosas (a bote pronto, se me ocurre el “Drum’s Not Dead” de Liars), pero lo cierto es que la fórmula comenzaba a dar visos de agotamiento. Las bases y estructuras propias del hip hop, la instrumentación de corte indie-pop, los samples melosos… todo seguía ahí. Pero, por desgracia, quedaba ya poca cosa original que rascar.

No es que su último disco apunte nada nuevo, pero me gusta. Por eso -y porque su título me viene “al pelo”, nunca mejor dicho- os recomiendo que le deis una oportunidad, aunque sólo sea por nostalgia. Por mi parte, pienso llevarme una copia en mi próxima visita a Galicia, a ver si el bueno de Antón también se ablanda y así se paga una ronda.