“¡Cojones grandes!”

marzo 28, 2009

Veracruz – LP ( Yoyó Industrias, 2009 )

Mi amigo Santos siempre me ha tenido por un simio, en esencia, vehemente. Razones no le faltan, desde luego. Supongo que semejante diagnóstico se debe a que, desde una óptica tan reflexiva y mesurada como la suya, puede que a veces resulte un pelín desconcertante lidiar con mi naturaleza desordenada y volátil. La misma que me lleva con demasiada frecuencia a apasionarme con aquello que me gusta hasta el punto de  defender mi criterio sobre el de los demás a voz en grito. O incluso a hostias, si fuera preciso. Por cierto, ¿os he dicho ya lo mucho que quiero a mi amigo Santos?

Asumido esto, permitidme que clame a los cuatro vientos lo entusiasmado que me tiene el nuevo álbum de mis queridos veracruzos. Pasemos por alto el sentimiento de camaradería y los lazos de amistad que me puedan unir a Adrián y compañía y centrémonos en el disco. De entrada, la evolución de su sonido es más que evidente. Han optado por aparcar los resultones ropajes de post-punk bailable que definieron su primera etapa como grupo y que tan buenos resultados les dieron en el pasado. Así que olvidaos de los pepinazos acelerados, la pegada rítmica y las guitarras cortantes. Mejor buscáis en otro sitio, porque los muy tucanes han mudado definitivamente de pelaje y os puedo asegurar que sus nuevas galas le sientan infinitamente mejor. Ahora suenan mil veces más compactos y elegantes que antaño… ¡si en “Them Black Bones” hasta se perciben entonaciones a lo Leonard Cohen, Dios nos asista!

Las once canciones que componen el elepé huelen a humo, alcohol y puterío pendenciero. Puede que sobre el papel las inevitables referencias suenen a coartada “arty”, pero es lo que tiene hurgar en la herida abierta por The Gun Club de Jeffrey Lee Pierce, los Scientists de Kim Salmon, las murder ballads post-industriales de Nick Cave y demás luminarias del swamp-rock con fundamento. Sin embargo, a la que rascas un poco, de aquí sale mucha más sangre: turbia y caliente, como a mí me gusta. La misma que insufla torrentes de vitalidad venérea a canciones como “Port of Havana”, “Ex Boxer”, “Walking The Bull” o “The Hollow Heads” y se derrama a borbotones en “Mão de Pilão” o “This Damn Firehose”.

Para rematar la jugada, ¡hay que ver lo bien que les sienta el formato de vinilo, maldita sea! Por no hablar de esa portada, a medio camino entre una deconstrucción de una viñeta de Jacques Tardi y la cartelería expresionista de filiación cinematográfica.

Os digo que por cosas así uno recupera la fe en la “escena nacional”. Y no exagero. Si no me creéis, cuando queráis lo discutimos en la calle. He dicho.

 

 

 

 

 

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“Estraña bizarra”

septiembre 9, 2008

El viernes por la noche fuimos muchos los que asistimos puntuales a la cita con La Débil, combo de “rock-drónico”, tóxico y macarra a medio camino entre la órbita bizarra y el “colectivo estrañol”. Su maqueta, “Suicido español”, fue una de las sorpresas más agradables de la temporada pasada. En ella nos ofrecían una visión del rock fresca, desacomplejada y con el punto justo de coartada poética. Primero de todo porque sus ritmos trogloditas a lo Cramps (“Madre”) invitan al desenfreno y eso es un valor añadido a la hora de verlos en directo. También porque cuando se arriesgan a sonar más experimentales lo bordan igualmente, ya sea sacándole punta a las enseñanzas de Spacemen 3 (“Silban”) o chatarreando a costa de Neu!, Can y compañía (“Minos”) en una aquelarre castizo a lo Akron/Family. Pero sobre todo porque son capaces de reconvertir el “psychobilly” en ritmos de pop metalúrgico (“Pulmón 12”) y salirse por la tangente con una “murder ballad” post-industrial como “Cualquiera”, que bien podría haber firmado Nick Cave de haber nacido en algún pueblo de la periferia de Toledo.

El bolo fue ruidoso y excesivo, tal y cómo mandan los canones. Era la primera vez que los veía en concierto y, aunque a mi juicio todavía les quedan aristas por pulir de cara al directo, se puede decir que cumplieron con creces. Las nuevas canciones evidencian nuevas inquietudes post-rockistas y, en ocasiones, alcanzan cotas verdaderamente prometedoras. La espectacular “intro” con la que abrieron fuego (desde el minimalismo electrónico a la metronomía salvaje) fue de nota alta y su reconversión tribal de “La tarará” terminó poniéndonos a todos la piel de pollo.

Subidos al escenario de la sala Juglar, montaron un Cristo de mil pares de demonios, bordeando el peligro sin llegar a despeinarse siquiera. Fue como asistir a un exorcismo a base de hostias, decibelios, embestidas y ladridos. Una cosa demasiado seria como para tomársela a broma. ¿Cómo se puede tragar si no con un grupo que es capaz de fabricarse un imaginario propio en el que tiene cabida Napoleon Beazly, De Juana Chaos, Eusebio Poncela y las caras de Bélmez? Pues con aguardiente o mala leche, tú eliges. Pero te aseguro que volverás a casa con el estómago lleno y la cabeza aturdida.

¡Gora La Débil!

[POSTDATA: La Débil pondrán a prueba vuestros nervios el próximo día 26 en la sala Sidecar de Barcelona y el 27 en la sala Sol de Madrid, abriendo heridas para Nudozurdo.]